miércoles, 3 de septiembre de 2008

FIGURAS


Los veo aquí sentados y mis ojos hacen un juego en matices sordos y burdos, y no los escucho, ni sé cómo son sus manos ni sus voces. Yo esperé que me dieran un lugar para entrar y abrir un canal para que pudieran filtrar sus sangres hirvientes, esas sangres tiernas que tiñen la hierba para que algún otro pueda ver que han dejando algo más allá de palabras vacías.


Sí, quería verlos sangrar y sudar, quería tenerlos callados frente a una vela apagada y que su aura la encienda y su hedor la pague de nuevo, pero no.


No sé si todos tengan el mismo apetito, si todos ven por los ojos del mundo, ese mundo verdadero que escapa de lo sensible, ¿acaso alguno dejará su niñez y su aroma primigenio para ser ahora cardumen de vejez y putrefacción, para hender sus pieles y cuartear sus frentes y así ser realmente seres?


Los veo tan lejos de su celador y tan dentro de su celda, tan pequeños y suaves, tan tiernos y quejosos, deseosos de una era lúgubre y desafinada; los veo y cierro mis ojos para poder oírlos y no los oigo ni los huelo, pero los siento y los calzo. Y sí, son ellos los mismos cavilantes que ayer vi salir fuera de aquí con alforjas de uva y trigo, y regresar baldíos y llorosos.


Sin más piedad contemplo sus manos y tacto en ellas calor y equilibrio, visiones y trémulas aflicciones que encomiendan en cartas al cielo sólo cuando es de noche.


Ya es tarde y la niebla se destiñe con la humedad, cae una gota de desasosiego en medio del suelo y de ella crecen más sueños, sueños de encarcelamientos y tintineos de niños olvidados y con frío.


Y cierro mis manos para empuñar mi viejo lápiz y empezar a deambular por mis hojas acopiadas, y vuelvo a hacinar palabras y letras que no dicen nada pero viven por sí solas.


¿Acaso algún día regresen a mí estas figuras sensibles de las que hablo? Eso espero.
"El Chuto"

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